martes, 24 de noviembre de 2015

De Vikingos y Princesas... (7)



Capitulo VII (Ataque)



Había tenido una noche un poco rara. Desde que Merida había llegado interrumpiendo en mi vida y en mi espacio personal, llamado habitación, solía dormirme en seguida y muy profundamente, pues siempre terminaba agotado.

Pero en esta ocasión fue algo distinto, no pude dormir nada bien y las pocas horas que tuve de sueño fueron poco reparadoras.



Mi cerebro me traicionaba una y otra vez, haciéndome revivir aquel momento vergonzoso con Merida, y  cada vez que lo recordaba me sorprendía, agitaba la cabeza de un lado a otro intentando borrar esa imagen y luego me sonrojaba, todo en ese mismo orden.

Cuando me levanté y fui al salón apenas salían los rayos de sol. Miré a mi alrededor  dándome cuenta que había sido el primero en levantarme y sinceramente no recordaba la ultima vez que esto había ocurrido. Aproveché el tiempo y preparé el almuerzo para todos, pues no tardarían en levantarse. Mientras colocaba la mesa oí la puerta de mi habitación abrirse, luego un bostezo largo y pisadas en la escalera.

Me tensé al saber quién era.

-          Bu.. buenos días.- la saludé al ver que llegaba al primer piso.

Ella volvió a bostezar sonoramente.

-          Buenos días.- dijo perezosa.- Te has levantadp muy temprano hoy, no¿?- preguntó extrañada.

-          Si,si… bueno…- contesté nervioso. “ Porque demonios no puedo hablar sin balbucear estúpidamente¿?”

-          Buenos días!- saludó mi padre apareciendo en el comedor.- Hipo¿? Ya estas despierto¿?

-          Que os pasa a todos¿?.- me quejé.- Es que nunca me habéis visto levantarme antes que vosotros¿?

Se miraron entre sí y pude darme cuenta de que se lanzaban una mirada significativa entre ellos.

-          No. -Respondieron tal cual. Y luego se echaron a reír de forma sincronizada.

-          Genial, ahora sois dos contra uno.- Ellos se volvieron a deshacer en carcajadas.

Nos sentamos en la mesa y empezamos a desayunar. Miré con disimulo a Merida quién seguía comiendo con su típico hambre voraz de todas las mañanas.

Yo ni siquiera había podido dormir bien esa noche, y ella parecía tan tranquila, aunque bien pensado porque tenía que ponerme nervioso en primer lugar ¿? Debía ser lógico, Merida y yo solo habíamos tropezamos el uno con el otro mientras jugábamos con la nieve. Tampoco era para tanto, no ¿?
En ese instante Merida se percató que la observaba y clavo sus intensos ojos azules en mí. Un fuerte latido se oyó en mi pecho.

-          Se puede saber que miras ¿?- preguntó levantando una ceja.



Desvié mi mirada al plato, y fingí que no la había mirado a ella.

-          Es solo que comes como un hombre.- solté con la esperanza de cambiar de tema.

-          Pero que…- se quedó boca abierta.

-          Hahaha. Bueno hijo, no será que tu más bien comes como una mujer¿?

Abrí la boca sorprendido, pero no fui capaz de replicar, Merida se volvió a reir acarcajadas. 

Nuevamente mi padre la ayudó a salir del entuerto y como siempre era yo quién recibia sus típicas bromas matutinas. Suspiré y seguí comiendo mientras oia reir a mis acompañantes. Sin pretenderlo una sonrisa se asomó de mis labios. Tenia que reconocer que su alegría era contagiosa.

-          Bueno Hipo,- Cambió de tema mi padre.- Que tal fue tu entrenamiento ayer ¿? Que arma escogiste ¿?
Tragué duro y sudé. Bien, habia llegado el momento. Dejé a un lado mi cuchara y miré a mi padre a los ojos.

-          Una espada…- murmuré.

Él abrió los ojos, estupefacto y luego volvió a la normalidad.

-          Porque no me extraña . Sabes lo que esto implica¿?

Yo asentí serio y no dije nada más. Por el rabillo del ojo vi que la única chica de la sala nos miraba extrañada.

-          Bien.- continuó mi padre levantándome de la mesa.- Hoy no partiré a ningún sitio, pero si debo ir a hablar con Bocón de ciertos asuntos. Os apañareis solos¿?

Yo volví a asentir.

-          De acuerdo. Cuidate Merida.- le sonrió.- Y en cuanto a ti hijo.- me miró.- Espero que te vaya bien tu cita con Astrid.- rio, y luego cerró la puerta tras salir de casa. Yo me quedé algo pálido “ Oh no…”
-          Cita¿?- oí que me preguntaba Merida, divertida. Yo tragué saliva. – Con quién¿?- me preguntó interesada y muy curiosa.

Desvié la mirada sientiendo la presión de su mirada.

-          Es con la chica rubia que vino el otro día por aquí¿?  

Yo no respindí y solamente desvié la mirada.

-          Eres de los timidos para estos temas ¿? – rio.

Me sonrojé y me levanté de la mesa para evadir el rumbo de la conversación.

-          Debo irme.- murmuré. - Astrid debe estar a punto de llegar, y ya sabes que tu…

-          Si, si , si .- me frenó mientras rodaba los ojos.- No debo estar por aquí. Así que me ocultaré en tu habitación.- También se levantó.- Hipo puedo hacerte una pregunta¿?

Le hice un seña con la cabeza en modo de asentimiento.

-          Que tiene de malo haber escogido una espada¿?

Pensé detenidamente antes de darle una explicación sencilla y entendible.

-          Veras, en nuestra tribu esta muy valorada la fuerza bruta. Por eso se relaciona el arma de un vikingo con dicha fuerza. Así que comúnmente las armas más  “populares” y usadas són las hachas o los martillos. Como más grandes mejor, entiendes¿? La espada es delgada y pequeña, por eso no esta tan bien considerada.

-          Ya veo.- respondió.- Es una demostración de fuerza.

Yo asentí varias veces.

-          Si, los vikingos somos unos chulitos. – confesé.

-          Hahahaa.- rio ella.- Ya veo ya.- Admitió mirándome.

Yo le devolví l amirada y nos quedamos así unos instatnes. Otra vez no podía apartar los ojos de ella.

-          Oye, lo que paso ayer… - empezé.

-          Lo que paso…- continuó  ella.

-          Verás yo… no sé…

TOC TOC

-          Hipo, soy Astrid!- oímos desde fuera, nuestro contacto visual se deshizo.

-          Voy!- respondí haciendo una seña a Merida. Ella asintió y subió escaleras arriba hasta mi habitación.

Abrí la puerta en el momento en que Merida desapareció de mi campo de visión.

-          Hola Astrid.- La recibí. Ella entró hasta el comedor.

-          Hola Hipo.- sonrió.- Como te encuentras? Estais los dos mejor?

-          Vamos haciendo. A Desdentao aún le queda algún tiempo para recuperarse.

-          Pobre.- dijo Astrid acercándose a mi furia noctrna.- Te duele grandullón?- le preguntó acariciándole el ocico. Desdentao lo movió de lado a lado, y negó con la cabeza.

-          Eres todo un valiente, a diferencia de alguien que yo me sé.- Me miró alzando un ceja.
Yo suspiré divertido.

-          Nos vamos?- pregunté.

-          Claro , vienes Desdentao¿?

-          No. Él… se queda aquí cuidadndo de la casa, verdad¿?- Pregunté con énfasis para que entendían el mensaje oculto. Él sonrió alegre.- Entonces hasta luego.- Le devolví la sonrisa.
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Habiamos llegado a una parte del bosque, hoy la nieve empezaba a dezacerse, pero yo dudaba que tardara demasiado en volver a nevar. Nos sentamos y hablamos de muchas cosas. Le comenté mi elección de arma y al contrario de lo que yo pensaba no me juzgó. Tal vez ya se esperaba que tomara una decisión extraña. En todo caso, me alegré.

Comimos la indigesta comida que había traido Astrid. Que le iba hacer, me gustaba un montón Astrid, per la comida no era lo suyo.

-          Oye Hipo…- comenzó Astrid.- Quería preguntarte algo.

-          Dime.

-          Queria saber… tu y yo…- se sonrojó un poco.- Nosotros… que somos¿?

Me puse rojo hasta las orejas.

-          No…nosotros…¿?- me atragante con mi propia saliva.

-          Si… estuve pensando, y aún no sé… bueno lo que tu y yo  somos, ya sabes…

Yo desvié la mirada algo nervioso, mirando a otra parte.

-          Nosotros somos…- de pronto vi una sombre oscura detrás unos arbustos.

-          Desdentao¿?- pregunté sin darme cuenta.

-          Como¿?- Se extraño Astrid.

Un ruido esordecedor nos interrumpió.

-          QUE HA SIDO ESO?!- preguntó la Vikinga.

-          NO LO SÉ, HA PARECIDO UNA EXPLOSIÓN!- exclamé

BOOOM!!!

-          OTRA VEZ!! VIENE DEL POBLADO!! QUE HACEMOS!!

-          VE!!- contesté yo.- IRÉ A BUSCAR A MI PADRE.

Ella asintió decidida.

-          Ten cuidado.- me dijo al irse. Yo asentí.

Justo al irse, la sombra que antes havia visto se me acercó.

-          Desdentao!- me sorprendí.- Que haces aquí¿?

Mi dragón desplegó las alas y de debajo salió cierta chica pelirroja.

-          Merida!- grité

 Abriendo los ojos desmesuradamente.- Pero que…

-          No hay tiempo! Ha pasado algo en la aldea!
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Llegué corriendo al pueblo, junto con Desdentao. La gente gritaba, corria y había dragones sobrevolando y atacando el sitio.

“ Como ha pasado esto¿?”

Flasback

-          Que ha ocurrido ¿?!- pregunté siguiéndola de camino a casa.

-          No lo tengo muy claro, pero de pronto ha llegado un  tipo proclamando que la aldea es suya. Antes de ir al pueblo, ese tipo entro en casa rompiendo la puerta, la ha registrado toda en busca de algo, pero parece que no lo ha encontrado. Y antes de que digas nada, tranquilo, no nos ha encontrado ni a mí ni a Desden. Él me ha protegido y hemos salido antes de que subieran al piso de arriba.

Yo le sonreí a mi dragón y le levanté un pulgar.

-          Bien hecho campeón.

-          Hipo.- me llamó Merida.- Ese hombre traía consigo una especie de ejercito de dragones, que ha empezado a atacar la aldea.

-          Ejercito de dragones ¿?- pregunté llegando a las afueras de mi casa.

-          No estoy muy segura, pero eso es lo que parecía…

-          Voy a ir a la aldea. Quédate aquí.

-          Pero yo puedo ayudar!

-          Hazme caso Merida! Nadie debe verte.- La miré.- Regresaré.- me despedí con determinación.

Ella me miró como si me viera por primera vez como un vikingo.

-          Más te vale.- fue su única respuesta.

Me giré y me fui con mi dragón.

Fin del flashback

-          Tengo que encontrar a papa.

-          Hipo! – oí que me llamaban.

Di la vuelta y vi a Patapez con Mocoso, Chusco, Brusca y Astrid.- Nos están atacando!

-          Lo sé! Habéis visto a mi padre ¿?!

-          No.- respondió Mocoso.- Es imposible encontrar a nadie en este caos.

-          Hipo, que está pasando ¿?- Preguntó Chusco.- Que hacemos ¿?

Pensé detenidamente en un plan.

-          Bien, os necesito de cebo. No voy a poder pelear.- señalé a mi dragón herido.- Y necesito tiempo para encontrar a mi padre. Puedo contar con vosotros ¿?

Ellos asintieron sin ninguna queja.

-          Por supuesto.- respondieron al unísono.

-          No esperaba menos.- sonreí.
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Los ataques no cesaban, y aunque los chicos hacían bien su trabajo como distracción todo seguía 
siendo un caos.

Al acercarme hacia la colina más próxima a la aldea pude divisar a mi padre junto a Bocón y con un tercer hombre totalmente desconocido para mí.

-          Papa!- me acerqué.

-          Vete Hipo! – me gritó mi padre viendo que me dirigía a él.- Este tipo es peligroso!

“Este tipo ¿?”- le miré.

-          Hola chico.- me miró sonriendo macabramente.- Tu eres al que llaman domador de dragones ¿?

Abrí los ojos sorprendido. Así me llamaban ¿?

-          No metas a mi hijo en esto, Drago.

-          Estoy algo decepcionado Estoico. Creí que tu hijo sería más…- me miró de arriba abajo.- Espectacular.

-          Que es lo que quieres ¿?!- exclamó mi padre.

-          Lo sabes de sobra viejo amigo. Os uniréis a mi ¿?

-          Unirnos o someternos ¿?

-          Llámalo como tú quieras.- sonrió. - Aceptas o no ¿?

-          Vete al diablo.

-          Bien entonces tal vez necesites algo de… persuasión. - me observó atentamente.- Adiós domador de dragones.- Con su bastón me señaló y un enorme dragón Alfa salió de detrás de la colina gruñendo peligrosamente.

-          HIPO!- grito mi padre.

El enorme animal se acercaba a mí, me congelé sin saber qué hacer. Delante de mí se colocó Desdentao para protegerme.

-          Ohh.- dijo Drago.- Eso no será necesario.

Apuntó a mi dragón con su bastón y el alfa empezó a mirar penetrantemente a mi mejor amigo.
Él empezó a quejarse como si le doliera.

-          Desdentao ¿?

-          Ahora.- Drago habló.- Aparta, furia nocturna.

Desdentao obedeció.

-          Campeón ¿? – le miré, pero él no parecía reconocerme.- Que te pasa ¿?!! Que le has hecho ¿?!!- exclamé a Drago.

-          Ningún dragón desobedece al Alfa.

Vi como el inmenso dragón se volvía a acercar a mí.
Me asusté, esto iba mal.

Astrid y los demás llegaron sin sus Dragones.

-          Hipo! Nuestros dragones no nos hacen caso.

-          No os acerquéis!- les señalé al enorme dragón.- Va a por mí!
Ellos se detuvieron.

Al tenerlo de frente pude percibir su horrible olor, sus fauces se abrieron mostrando su enorme boca. “Es… mi fin ¿?”

-          Hipo, agáchate!- oí a mis espaldas. Obedecí sin identificar la voz y una flecha pasó por encima de mí y se clavó en la mano de Drago.


-          AAAAAARGH!- aulló el hombre. El control sobre el Alfa y los otros dragones desapareció.
-          Miré hacia el lugar del que procedía la flecha y allí encima de su caballo negro, estaba ella.
Ella… me había salvado… Siempre era ella…

-          Quién es ¿?- oí que preguntaba Mocoso.

“ No… no, no! La han visto!”

-          Merida!- gritó mi padre. Ella se acercó a nosotros cabalgando.

-          Estas bien ¿?- preguntó al llegar.

Yo asentí.

-          Pero… tu… que haces aquí…

-          Te dije que podía ayudar.- sonrió dulcemente.

Era la primera sonrisa dulce que veía en ella.

-          Quién es ¿?.- La señaló Chusco.- El enemigo ¿?

-          No.- respondí sin apartar la mirada de ella.- Es una amiga.-sonreí.- Podemos confiar en ella.
-          Confiar ¿?- preguntó Bocón.- Sabes perfectamente que las leyes dictan que esta terminante prohibido que hayan extranjeros en la aldea, el castigo es…

-          Bocón, ahora no es el momento.- Le cortó mi padre.

-          Tú!- nos interrumpió Drago abruptamente. Se arrancó la flecha de golpe y la sangre de su mano, salió a borbotones.- Quién te crees que eres!

-          Yo soy Merida!- gritó orgullosa, bajando del caballo. No supe porque pero Merida despedía un aire potente, carismático como… un auténtico líder. No creo que fuera el único que lo pensé, pues todos quedaron pasmados ante su presencia.- Ahora lárgate!

-          Te haces demasiado la valiente, para ser una forastera, no crees ¿?- la miró con rabia.- Pagarás por tu osadía.- Drago fue cargado por el Alfa y se elevó hasta su cabeza.- Hasta nunca.

De pronto Desdentao se volvió contra ella.



-          Desdentao ¿?- preguntamos Merida y yo a la vez.

El furia nocturna se acercó a ella a modo de ataque.

-          Hi… Hipo.- dijo nerviosa Merida, sin quitarle la vista de encima a mi dragón.

-          Para Desdentao, detente!!- grité desesperado. Pero mi dragón no me hizo caso.- Para! Que te pasa campeón ¿?!

Merida apuntó con una flecha a mi dragón.

-          No quiero hacerte daño.- le dijo.- Así que no me obligues…- tensó la cuerda.

-          No!- salté en medio de los dos.- Basta Merida!- le cogí el arco forcejeando con ella.

-          No, basta tu Hipo! Míralo, nos va a atacar.- El negro dragón abrió su boca con fiereza. Estaba a 2 metros de nosotros.

-          No pienso dejar que le hagas daño, no es él mismo. Lo están controlando!

-          Y que importa ahora, es que quieres morir ¿?!

-          No te dejare dispararle!- seguíamos forcejeando.

Una luz azul empezó a aparecer desde el fondo de la garganta de mi dragón.

-          Aparta!!- gritó ella.

-          No!!- me negué.

-          HIPO! - Gritaron asustados mi padre y mis amigos al ver el peligro.

-          Tienes que parar Desdentao! Vamos amigo.- Le sonreí esperanzado.- Confió en ti.

Las llamas salieron de su boca y justo entonces noté un fuerte empujón que me mando algo lejos.- Caí de bruces al suelo y entonces una fuerte explosión se oyó por todo el lugar.

Mi dragón había disparado sus llamas azules. Y solo una sola persona recibió el disparo… 



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Hola bloggers!! Por fin he vuelto, despues de taaanto tiempo! Y que mejor que con mi fic, como entrada ;D

Como estais¿? ^^ Espero leer de vosotr@s !! ^_^

Besos~